Recónditos rincones de la vida,
la rabia tan sumisa, tan decente,
la gran perversidad adolescente,
delirios de mayor, edad hundida.
Rincones de dolor, alma dormida,
la dulce soledad de mar inerte,
extrema la verdad y fiel la muerte,
los doce años, sol y una partida.
Juntando libertad con pensamiento,
no duele decidir una patraña,
un algo, corazón de advenimiento.
La suerte, casi siempre nos engaña,
la luz provocará ese sentimiento
de amarga longitud que el sueño baña.
Julio G. del Río -Valencia-
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