jueves, 6 de agosto de 2015
MEMORIAS
La ciudad tiene corazón,
raíz que fluye a otras arterias,
una muchacha en la música de los saltimbanquis
y sus perros.
Sé tu nombre ciudad.
Muros como huesos de niños te buscan el escombro.
Candilejas que duermen para no oír al trompetista,
a los noctámbulos descif rando tus dolores
sin cortarse el miedo de sus culpas,
beben noticia, polvo, polvo.
No hay vocación en tus periódicos
para disimular la ira hacia los dioses,
los tremendos, brutales, mitológicos.
Ciudad, larga el fósforo: el epicentro del pubis enconado
sobre el peñasco de la risa.
Ignorar tus diluvios revela las razones de Noé tras el opio;
escriban tus crónicas los brujos,
consuman sus elixires de falsos evangelios:
el fogaje que ondula es talismán de la entelequia.
Oh, ciudad sin Quijote, sin esos tinajones donde soy rocinante,
esposa fiel del mago.
El almizcle me aleja las gaviotas, sin hablar de los orfebres laboriosos
aquellos que tallan mis orillas.
Una ciudad es la creación del tiempo.
Odalys Leyva Rosabal -Cuba-
Publicado en Arique 53-54
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