Si la sombra de los dioses,
no nos protege del mal,
actívate, no reposes,
no te embadurnes con cal.
La sombra de la que hablo,
es bastante original,
en cada charla que entablo,
voz me sale de metal.
Me duele tanto la vida,
que lloro en un orinal,
espero que agradecida,
me conceda un buen final.
Los dioses no tienen sombra,
vinieron de un arrabal,
sólo pretenden la alfombra
y una adoración natal.
Resurjamos de cenizas,
cuan ave Fénix total,
propinando mil palizas,
a ese dios que es inmortal.
Julio G. del Río -Valencia-
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