lunes, 6 de julio de 2015
EN FLOR
En la playa, varado, un pirata loco
ha llegado a arribar
preguntando por una flor
de púas azuladas
desea cazarla, por afrentar
el paso sedoso de su prístino albor.
No porta mano alguna, lleva un garfio
dice que en abordajes, su derecha, malgastó
como el que al lirio sin pestañear miró
en aquella batalla
al borde del fin de la mar
nadie osa decirle, su historia no es verdad.
Fe, y tedio arrastra, su pata de palo en ello va
entre los geranios, en medio de las azucenas
quiere hallar el filo aguijón, el cactus cercenador
que, en su mente, fue el agresor
del inmaculado espacio
apenas unas minucias de tierra, pero su amado concilio.
Lo sabe, pero pregunta el del parche en el ojo
a las jovenzuelas, de su clamor escondido
y ellas, sabedoras de su locura, incídanle que escuche
como dialogan, el cactus, el lirio y la flor
esa que en su mente, alguien cercenó
mas quizás sólo, de buen grado, se autoexilió.
Oh, pobre loco, murmuran, hay un viejo desvalido en el jardín
todas ellas le saben amigo
hasta el pirata de loca cabeza, de fervor humeante
de pierna perdida, de ojo cegado, de mano olvidada
reconoce el beneplácito de aquel dulce mar,
ya marcha hacia el barco de carcomida estampa.
Regresa, dejando huella en la arena, una pisada, un reguero
al escondite de la mar, vuelve sin flor
ha comprendido, ha entendido, ha sabido, ha crecido
se transmuta en oruga que muere
en elefante que pierde la senda
bajo la manta de estrella brillantes, se deja llevar por los elíseos.
En Flor… dejó escrito un jardinero
De la historia, de un pirata y un jardín descuidado
Dicen que en la playa hallaron, un gancho a modo de garfio,
Un parche para ojo de pirata, una pata de palo,
Un raído, gorro de bucanero, con una bandera negra
Restos de un barco, una carta en una botella vacía de ron,
Y en las manos del floricultor, una sonrisa amplísima
Cuando mirando donde se juntan el cielo y el mar
No más susurró, qué grande supo ser, el pirata antes de marchar, dejándola crecer en libertad…
Hoy la flor, amaneció abrazada a un manto de rocío, era madrugada de un julio fogoso…
Santiago Pablo Romero -Trigueros-
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