Había perdido el partido más importante de su vida, la final olímpica. Salió cabizbajo de los vestuarios, arrastrando los pies. Fuera del estadio había congregada una multitud, entre periodistas, aficionados, curiosos y familiares, pero él sólo vio a una persona: su madre. Ella no esperaba al jugador derrotado, ella aguardaba a su hijo.
Del libro El espectáculo más hermoso de
SALVADOR ROBLES MIRAS
Publicado en Los libros de las gaviotas
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