Bebo para encontrar la calma,
para comprender el elogio de la lentitud.
Bebo y no necesito un camarero que me escuche
ni música de fondo que arrulle mi deleite.
Bebo y miro que me mira la vida
como un revolver y un relámpago.
Bebo la dulce muerte
del saber, líquida y luz.
Bebo y me beso el cuello
buscando ser el cómplice de la lucidez.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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