Como el mundo está ahí para su goce,
va y extiende la mano:
por fin entre sus dedos
la sensación fantasma
de estar acariciando el infinito.
Se deshace el engaño
y ve que el horizonte
ocupa un plano siempre inalcanzable.
Pero extiende la mano nuevamente
(insistencia en el método
prueba y error, de acreditada historia)
porque, en algún intento,
sabe que el horizonte será suyo.
Del libro La gruta y la luz, Visor de
FRANCISCO RUIZ NOGUERA -Málaga-
Publicado en Luz Cultural
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