“En el camarote del día/agradezco
La llama, agradezco el horizonte
Agradezco el azul/
Que besa el cielo”
“Navegando Miedos” Belkys L. de Tejeda
En un atardecer calmo, el horizonte nuboso
sostiene al sol que no quiere despedirse.
Sobre el rumor repetido del agua que pasa,
dos barcazas reposan su ajetreo cotidiano.
Todo es sueño,
y en sus propios sueños
se repiten esfuerzos denodados:
El vaivén de las bolsas de arroz,
el óleo reclamado y el colorido aroma
de especias apretadas en sus vientres.
Son recipientes y bolsas
destinados a olvidadas geografías.
Ellas, las barcazas, sueñan con su marinero
que amortigua temores con sonrisas.
Ya volverá, para navegar en alta mar,
allí, donde en el mar de la vida sus ojos son distancias
y las fogatas de las costas, caricias tibias entre oleajes y brújulas.
Isabel Bravo de Rigalli
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