No es el fulgor de la mañana
en la feria municipal al lado de las vías
ni el alboroto de changuitos
ni el regateo ni el pregón lo que conmueve.
Es a las dos de la tarde cuando levantan los puestos
que la belleza se alza:
esa dimensión de verduras pisoteadas
la fetidez más pura
perros lamiendo el sueño de algo entero
el osario de fierros que cargan los camiones
y esa calle
que no pide agua de socorro
sino -el próximo sábado-
la resurrección.
Del libro “Pulmón de manzana” de
Alicia Grinbank -Argentina-
Seleccionado por Rolando Revagliatti
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