Tu voz
es la de Mesalina
la ramera de Claudio.
En ella
se cumple todo
el amargo cáliz.
Salvo
un ángel de alas rotas
a la espera de la oscuridad estéril.
El quiere
tu deseo venenoso
amando mil cicatrices de serpiente pecadora.
Demonios
para tus labios de alambre
besos de púa que perforan tus dolores vacilantes.
Tienes el tatuaje
que pisa la lluvia
podara silencio en su noche salvaje de hambre y soledad.
Has dejado
los suspiros del día
la sangre de su traición puritana que antes era inocente lujuria.
Alma negra
el imperio de tu belleza
ha caído en muros fracturados.
Escrito esta
con el cuchillo de tu embrujo
has despertado las cenizas con el latir y tu hondura que quema.
Tu voz
es la de Mesalina
la insatisfecha de un amor desgranado.
JUAN MAURICIO OCHOA GALLEGO
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