lunes, 5 de enero de 2015

LA GALLINA


Como era tuerta, sólo podía ver la mitad del mundo y eligió la
mejor. En consecuencia, era feliz.
Cogote pila, pocas plumas, medio chasca, horrible, en una palabra.
Pero los gallos la preferían.
El resto del hembraje, en el gallinero, la miraba con cierta envidia
disfrazada de pudor.
Se peleaba vuelta a vuelta con el loro, asiduo visitante del gallinero.
Ella le tiraba picotazos cuando él, para provocarla, hacía vuelos
rasantes sobre el nido.
Loro pico sucio, le gritaba incendios. Ella abandonaba el nido,
meneaba la cola, daba pronto despacho al cloqueo, y se hacía servir
con el primer gallo que le salía de cruce.
El loro le cantaba: “Flaca, tres cuartos de cogote / una percha
en el escote / tuerta puta”.
Ella daba vuelta la cabeza, mostraba su ojo ciego, daba unos
aletazos, picoteaba un gusanito, un fragmento de lombriz, un grano
olvidado, y seguía mirando la buena cara del mundo, porque, por suerte
del otro ojo era tuerta.

ALBA OMIL
Publicado en la revista Hojas de Palabras


No hay comentarios:

Publicar un comentario