Era de noche, no se veía la luna,
nos pusieron a todas en fila,
íbamos vestidas con túnicas blancas,
y nos pidieron el silencio interior,
seriamos recibidas por la gran madre,
el océano de la vida,
la matriz cósmica, simbolizada por el mar,
en cuyo seno, nos alimentaria de por vida
de toda su sabiduría,
de todo su amor hacia los demás,
nosotras seriamos sus sacerdotisas,
dadoras de vida, unidas para siempre
a la gran cadena inmortal,
¡éramos sus elegidas¡
El viento era fuerte
y era todo oscuridad,
la playa salvaje y desolada,
me daba horror, se oía
el rugir del mar,
sus olas me pedían humildad,
fortaleza y dignidad,
pues había entrado ya en el camino
y no se daba vuelta atrás,
vimos las vestales
levantando entre dos
la cadena en el mar,
donde nos agarraríamos,
para unirnos a todas ellas,
gritaban fuertes, seguras, altivas,
sentí la cobardía, temí derrumbarme,
y acongojada resistía.
Íbamos una a una entrando
y saliendo a la otra orilla,
sentí frio, oía las olas,
sentí el poder del elemento agua
al remover fuertemente la arena,
¡como la absorbía¡
me lancé a la cadena
a una muerte para salir a la vida,
más en esos momentos
me envolvió Atenea,
y sentí unirme a la madre
pero con alegría.
…Y solo recuerdo que me recibían,
porque oí los sonidos ancestrales
de las caracolas
dándome la bienvenida,
y supe quien fui,
de donde era,
sentí como si nunca hubiera salido
de su matriz, de su seno divino,
había sido unida a todas las fuerzas vivas,
vi a Neptuno a Afrodita a Ceres,
todos me sonreían…
…Y una barca surcó el cielo
llena de pequeñas luces iba,
eran nuestras almas
que como lunas,
nos convertían en diosas,
de por vida…,
FRAN TRO
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