Aquel poeta inédito;
el hombre aquel del velador,
hecho de parsimonia y manzanilla,
que cada día escribe en la taberna,
rodeado de voces destempladas
y vidrios estridentes
interminables versos,
buscando en las palabras la substancia
eterna y milagrosa
que sus sueños contenga
y su soberbia amanse,
no tiene un nombre a punto
para firmar su gloria.
Las horas se le mueren en la mano,
que soporta la pluma
con torpeza hemipléjica,
en el dorado púlpito que Baco
dispuso entre renglones,
en aquel puro inmenso y asesino
que sus pulmones hiere,
sin que nadie comprenda su atavío
de soledad añeja
ni su casi silencio de suicida.
Nunca tendrá un mañana,
ni pupilas vendrán a conocerlo;
pero él bebe su vino
y ordeña sus cantares,
sin apenas un gesto de tristeza;
feliz ante el arrullo
de una cuartilla virgen
que se le ofrece amante
y no le pide nada
por hacerle sentir
que vive, todavía.
Del libro “Antes de que la muerte nos separe- Homenajes” de
Juan Sebastián -Barcelona-
Publicado en Luz Cultural
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