Cuando nada se espera
y la lágrima tarda,
el llanto seco del dolor humilla
más que duele.
Otra vez la impotencia
reflejada en el aire,
sujetando mis manos,
separando mi vida de la tuya.
No podemos obviar nuestro secreto
en una larga noche
cuando la luna insiste
en posarse en mi lecho,
y en alumbrar mis dudas.
Ha sido un desatino,
un sobresalto más,
tal vez la consecuencia
de una esperanza inútil.
Hay que sobreponerse,
fortalecer los cauces
por donde fluya
aquella confianza que perdimos,
cuando era tan nuestra.
Del libro Poemas de Donadío de
MARÍA DEL VALLE RUBIO -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural
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