jueves, 22 de enero de 2015

CICLOGÉNESIS ABRASIVA


Hay tantas malas noticias a diario, que ni tan siquiera nos paramos a pensar en ellas. Anoche mientras le observaba cuando dormía, pensaba en cual sería mi mayor prioridad si me dijesen que me quedan tres meses de vida. Querer con locura a los que quiero, vivir sin que importe el qué dirán en absoluto, atreverme a realizar mis sueños de manera libre y sin miedo, amarlo hasta que la piel se me desgaste… y me entristecí profundamente, pues casi sin darme cuenta, mi pensamiento era absolutamente libre bajo la presión de la muerte a mi espalda. Es patético no actuar de la misma manera cuando no tienes el tiempo acotado, cuando en vez de ofrecer tres meses de amor, puedes ofrecer toda una vida. Si el dinero no marcase nuestra existencia a fuego, quizá nuestra mente soñaría más y mejor, sin condiciones. Y de repente me vi a mí misma, sintiéndome feliz de ser afortunada de tener cuanto tengo, de luchar constantemente por la dignidad de las personas, de tener una mente clara y un corazón que siente a cada instante, para bien y para mal, acatando las consecuencias y dejando brotar con cada susurro un poco de esencia. Si, quizá soy una ilusa, una idealista, e incluso muy ingenua. Pero, a pesar de ello, soy la mujer que llora cuando le emociona una película, que trata cada día de enfrentarse a sus miedos, que cuando algo no le gusta lo dice, una luchadora incansable en un mundo de locos donde todo está vendido y comprado, hasta el alma. Sí, soy la que levanta la voz cuando los demás callan, la que se revuelve y araña, la inconformista… está claro que acabaré siendo una enorme perdedora en un mundo de caníbales, pero cuando ese último aliento llegue a mis labios tendré una sonrisa, “porque la miseria no es económica, sino espiritual, estamos todos gordos” ( Gustavo Cordera, Bersuit). Descansar amigos.

ANNA LAFONT.

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