Arden los días errabundos e inciertos. Llama en postrera rendición que acusa el hastío del pábilo humeante y exhala su último hálito en el inflamado y breve fulgor, antes de consumirse.
En estos días aún por prender y con el aliento que insufla la fiera ternura de Miguel Hernández, sea este mi deseo: enunciador de un tiempo nuevo, aún por conquistar, de una esperanza, aún por abrazar, y del honesto compromiso de cambiar el nombre de las cosas para que no existan las abarcas desiertas.
"Los escritores amamos la paz. Y todos ustedes. Pues bien, históricamente ahora mismo, ante el dolor español y planetario de una pobreza que comporta hambre, enfermedad y muerte, nuestro lenguaje (naturalmente, no hablo solo de la escritura poemática), ha de ser poética y moralmente subversivo. Y nuestra conducta. El sufrimiento de causa social es nuestro sufrimiento y penetra nuestra conciencia, que creación literaria que no lleve consigo conciencia no es creación. Incruentos como Don Quijote, numantinamente resistentes, pacíficamente revolucionarios, queridos escritores cervantinos todos: “hay que luchar contra los molinos de viento". Palabras expresadas por el poeta Antonio Gamoneda con motivo del Encuentro-Homenaje a los Premios Cervantes.
En cada paso, siempre la ternura. Un placer compartir, para seguir siendo.
Con mis deseos inveterados, ahora y siempre.
Pedro Luis Ibáñez Lérida
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