Después de un abismo
viene otro
y luego otro
y otro.
Al fondo del último abismo
cae el eco de la luna
profunda
indolente,
insolente
como un tronco en un camino.
Y te hundes en otro abismo
y otro
y un abismo más.
Y tropiezas con la piedra de la locura
que alguien dejó olvidada
y bajas
y bajas.
Hasta que ya estás
por encima de los caimanes de la herrumbre.
Ya nada será peor.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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