Ha caido la noche,
parcialmente y el sol,
tenebroso,
conjuga su verbo desaparecer,
con parsimonia,
como no queriendo partir sin echar,
una última ojeada.
Me han mirado las parcas,
me ha visto el sol antes de irse,
se asoma la luna por llorarme.
Mañana partiré sin documentos,
mañana sabré qué hay detrás del muro,
mañana,
probablemente,
habré perdido el viento.
Las tinieblas son luces escarpadas,
recodos de música muy muda,
apariciones de futuros compañeros,
sin batallas,
sin deserciones,
sin cúmulos de hojas otoñales,
sin deseos...
Miro a la luna, esa luna
que será la última,
la postrera luz de mis resentimientos,
la paz de esta nube de agonía,
el malestar de no sentir dolores,
la concupiscencia de la soledad completa,
se ha calmado el viento,
se ha calmado el viento,
no quiero perder el viento...
¡No quiero perder el viento...!
Julio García del Río
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