El desfile es puro
y la religiosa agua
que camina,
el viaje preciso
y el claro cuerpo,
hambre y sequía,
celeste durazno de osadía.
Todo el estelar ensueño
y su equipaje.
El fulgente albedrío,
quedo de comarca prófuga,
lo que persiste,
lo que nos añade
un valor más.
Lo espontaneo es pasividad accidental.
O es enero un año,
una huella,
un día indemne
y casual.
La deriva requiere un salto,
eje de principio de la vida
un decanto que subraya el rasgo
susceptivo.
Es la taza cocida de energía,
el beneficio de ir.
No obstante: lo bucólico celebra
su instante aledaño,
aguas y velas son el torrente, sensatez y perspicacia,
caída de llovizna
y abajo el trino y la pampa.
O tenazas de ideas que aún
no han-sido
podadas de la vereda de la memoria.
Belén Aguilar Salas -Costa Rica-
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