El silencio es oasis, y es sordera,
negándose a altercado y vocerío;
y es soledad; no habita en el gentío;
es vino y pan al pie de la palmera.
Y es también paradójica ceguera,
mirando, mas sin ver, el desvarío
de necedad, intriga y poderío
que en torno de cada uno se aglomera.
No el peso de la idea nos fascina,
sino el de la estridencia, cada esquina,
cada calle, una torre de Babel.
Ciego la vista, obstruyo los oídos,
y me invento paisajes y sonidos
ajenos a tan pútrido burdel.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -In memoriam-
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