lunes, 18 de noviembre de 2013

LOS ZAPATOS DE CUERO


Los zapatos no llegaban, cómo se preguntaba le pondría a los camellos un par de alpargatas junto a la carta ilusionada, ese niño que lloraba por tener unos zapatos como tenían los hijos de los maestros y otros, que los domingos lucían en la iglesia del pueblo.

Pasaron muchos momentos y nunca pudo tenerlos, el yute de las alpargatas desflecados ya de viejos daban mucha tristeza al caminar por las calles, apurando el paso pequeño en los pies débiles de mi padre cuando veía a otros muchachitos pisar fuerte en sus zapatos y se apoyaban en los bancos para abrochar los cordones.

Triste deseo fustrado en los ojos de mi viejito que vivió en una provincia de pobres campesinos y ricos estancieros que miraban desde arriba con el poder de los acaudalados.

Su recuerdo nos transmite y asoma en su mirada una lágrima desierta porque se habran secado sus ojos, tanto tiempo ha pasado y muchos zapatos se ha comprado, pero ese niño tan pobre se le ha quedado en su mente, los silencios de los que tienen menos, la injusticia de los que tienen mucho y los que tienen lo que pueden.

Provinciano bueno y trabajador que haz dado todo lo que tengo hoy, saber llevar la humildad como abanderando tu enseñanza, padre que tiene añoranzas de ayudar a su pueblo natal. Sueños que cuenta cada vez que recuerda a ese niño carasucia entre los jóvenes con saco y zapatos de cuero.

Hoy mira a su pies y levanta la vista al cielo, pidiendo que les concedan cada angel de los niños un par de zapatos lindos para poner el seis de enero y que los reyes magos sonrían al verlos lustrados y nuevos.

SIL TORRES -ARGENTINA-

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