Todo se vino abajo.
Muchos quedaron atrapados
bajo los escombros.
El viento acabó con la vida.
Donde había casas
ahora solo un montón de cascotes
y figuras sonámbulas e incrédulas
que lo había perdido todo,
algunos hasta sus familias.
Destrucción. Muerte. Desolación.
En unas horas cambió el paisaje.
Pasó de una gran ciudad
a un montón de escombros,
de la felicidad a la tristeza,
de la seguridad a la incertidumbre,
de la vida a la muerte,
de la tranquilidad a la desesperación.
Nuevamente la Naturaleza
había vencido al hombre.
JOSÉ LUIS RUBIO
lunes, 18 de noviembre de 2013
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