sólo tienen la vida que les damos,
a veces racionada en miligramos,
o quizá disfrazada de colores.
Súbditos, meramente receptores
de lo que producimos o heredamos,
no tendrán transcendencia, porque vamos
de poder a no ser, sombra y rumores.
Peregrinos, no más, de un mundo incierto
que no nos pertenece, pues es puerto
donde apenas anclamos, ya partimos.
Uncidos a tal módulo ilusorio,
damos nuestro carácter transitorio
a aquello que, de paso, descubrimos.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-
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