Nunca invoco la paz de los profetas
Ni los viejos proverbios ni el sermón
De que puede salvarnos la oración
O el salmo redentor de los profetas.
Sin perder el candor de las violetas
Cerremos nuestro puño en comunión
Ante el gesto banal del santurrón
Que esconde tras su voz las escopetas.
Para qué orar por Dios con eufemismo
Si acaso el primer Dios es uno mismo.
Ni cientos, ni millones en un haz
Obrarán el milagro en mil legiones
Si ruedan en cureñas los cañones
Tras las frágiles huellas de la paz.
De Sonetos a la paz de LORENZO SUÁREZ CRESPO
Publicado en la revista Oriflama 22
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