No hay, sino esperar que cese el temblor
porque la casa sucumbe,
que se esfume el olor a muerte y
un dulce perfume a tierra mojada
se cuele por la ventana entreabierta,
mientras la estancia se queda en silencio
las gotas golpean el aire
como pequeños valses de crema de azúcar.
Carmen Moreno -Cádiz-España//Madrid-
Publicado en la Biblioteca
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