Cada vez más ilusoria, diminuta, esparcida sobre una techumbre que no distingo, confabulada entre contaminados pretéritos que penden como esquirlas punzantes. Me pierdo como pierdo el tiempo cerrando los ojos y pensándote sinuosa, cercana en una charla que nos moje y nos haga reír cuando nos silenciemos. Te imagino laureada, ausentando mi mano, como enloqueces al festejo contagioso ofreciendo tu sexo amorfo a la carcajada, primaria, libérrima, espontánea, glauca cuando levitaste en el mar, prepotente toda aquel amanecer. Entonces y siempre te añoro, hermana espumosa, porque escribes poco y lo poco vehementemente ilegible, deslavazado, parece polen casposo sobre mi chaqueta que desacredita a todas las huellas. A veces, cuando sonrío a ratos, estúpidamente cuando nada me afecta, te desparramas en una foto veteada, blanca y negra, sin pose preciada, en una música de no más de tres minutos, a veces, me pellizcas un labio y marchas.
MANUEL JESÚS GONZÁLEZ CARRASCO -Madrid-
No hay comentarios:
Publicar un comentario