Te ofrezco el fruto madurado con dolor,
a base de golpes engordado.
A pesar de todo,
es dulce y no amargo.
Come de él sin temor;
no es elixir de muerte sino de vida.
No te marchites esperando un beso liberador.
Que te encuentre consciente,
despierta,
si ha de llegar el príncipe
algún día.
SALOMÉ GUADALUPE INGELMO
Publicado en el blog hervasencuatrosaltos
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