No puedo dejar de pensar en lo corta que es la vida, en lo rápido que pasa el tiempo. Somos lo que somos, no más que un grano de polvo en el universo, o un segundo en la eternidad. Paréntesis entre la no vida de antes de nacer, y la no vida tras la muerte. La noche eterna, como decían los romanos, nos acogerá en su mando tranquilo de silencio y olvido.
Hoy estamos aquí; respirando, comiendo, riendo, llorando, amando, paseando por las calles de nuestro pueblo o ciudad. Mañana, nadie sabe. Mañana podemos estar muertos, o no estar a pesar de seguir vivos. Por eso hay que vivir, aprovechar cada momento, sentir cada instante. Se hace difícil porque nos acostumbramos a los olores, colores, experiencias, y llegamos pensar que es algo habitual, común, simple cuando, en realidad, es lo más maravilloso de la vida: precisamente eso, estar vivo.
Piensa, mírate dentro. Dentro de veinte, treinta, cuarenta años, yo no estaré aquí. Pero ya no importará. Lo que interesa ahora, en este momento, en cada instante en que se respira, es que se vive; una sola vez, una sola, para bien y para mal. Que sea para bien, en lo que sea posible.
Francisco J. Segovia -Granada-
DE FACEBOOK - 6867 - FOTO
Hace 12 horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario