La paloma volaba. Yo la miraba.
Blanca, preciosa, iba la paloma.
La mirada se perdía en el horizonte.
Yo también quería volar.
Pero no podía. Tenía que mirar atrás,
como dejar toda mi vida en una cajita
de cristal. !No podía¡
Y mientras tanto, la paloma volaba libre.
Yo seguía mirando su libertad.
Me gustaba, pero
¿quién dice que yo,
dentro de mis rejas, no soy libre?
La paloma volaba y yo la miraba,
rejas de hierro, rejas de bronce,
rejas de huesos.
No quiero ataduras. No quiero responsabilidad,
pero la vida misma te las da.
Ser libre es mi proyecto.
Un día volaré en un atardecer junto a la
paloma que me hizo estremecer.
Joaquina Oliva -Madrid-
Publicado en la revista Arena y Cal 202
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