jueves, 16 de mayo de 2013
LA PARTIDA
Veía empequeñecer ante los ojos,
aquella figura maciza de rostro endurecido.
Lo veía alejarse lentamente,
en el silencio de la noche escarchada.
Ni siquiera una huella, quedaba de los pasos.
Estaba inmóvil, con el pelo revuelto,
clavada en el umbral de la puerta,
temblándole los labios.
La calle estaba desierta, muda,
ensombrecida como su alma,
ante la repentina huída del viajero.
Frente a ella, quedaba solamente,
un pedazo de cielo,
ese papel ajado y triste,
que, a ratos, acariciaba con sus manos.
Necesitaba unos instantes de evasión,
para recuperarse de ese dolor inmenso,
expulsar de la boca, el amargor que
había ido tragando, poco a poco.
Haciendo renacer los sueños, plenamente vividos;
removiendo, ahondando en los recuerdos.
Extender el cuerpo en la llanura.
Dejarse arrastrar por el torrente.
ANA LOMBARDO
Publicado en el blog poetasclamor
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