Alguien sin paraguas cruza
la calle solitaria.
Va empapado de pies a cabeza.
No tiene prisas. Le gusta
que el agua le moje el cuerpo.
Yo lo miro porque sé que no me ve.
Me gustaría hablarle,
mojarme con él, agarrado del brazo
recorrer las calles
y sentarme en un bordillo
mientras el agua se pierde
cuesta abajo en un gran sumidero.
Pero sigo aquí mirando a través
de los cristales mojados
viendo como se aleja
bailando bajo la lluvia.
Del libro inédito El beso de la muerte de
JOSÉ LUIS RUBIO
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