viernes, 26 de abril de 2013
TALLER LITERARIO (VII)
A MI CAPITAL
Cádiz es vieja, muy vieja, hecha con conchas de mar.
En las piedras ostioneras tú las verás.
En sus murallas revientan las olas
y se respira ese aroma que viene del ancho mar,
cuando sopla el levante ese aire huele a sal,
de ahí le viene el salero y la gracia que tienen las gaditanas al andar
y en sus ojos hay esa salada claridad como el agua que rodea su ciudad.
Cádiz tiene unos barrios que no quiero mencionar.
Pasea por ellos y arte y alegría respirará.
Cádiz es la más vieja y coqueta,
es mi capital.
ANTONIO BASALLOTE LOBÓN
LA CIUDAD
La ciudad con sus grandes
avenidas, sus parques y
museos, por muy bonitos que
sean, yo me quedo con mi pueblo.
En esas ciudades tan grandes
no me gustaría vivir,
con tanta contaminación en
el ambiente, yo no podría resistir.
El ir y venir de las gentes
siempre caminando o corriendo,
ni se miran ni saludan
como hacemos en el pueblo.
En mi pueblo veo la luna
cuando está llena o menguante
y las estrellas corriendo
cuando sopla el levante.
Yo me quedo en Conil, con su sol,
el verde de los pinares,
con sus playas de dorada arena
¡y su viento por delante!
II
Si escribo de alguna ciudad,
yo se lo dedico a Cádiz,
solo entrar por sus puertas
¡y ver la gracia que hay!
Al mirar sus murallas siento
tanta alegría, que estoy
orgullosa de haber nacido en
Andalucía.
En días de carnavales todo es
colorido, con el canto de
chirigotas y comparsas,
hasta las palomas bailan al
compás de las guitarras.
Por las noches con la luna
el viento trae suspiros que
salen del mar, son las sirenas
llorando porque no pueden
entrar en la “Tacita de Plata”
para sus cabellos peinar.
Una noche soñé que yo era el
Quijote y en mi caballo a la
ciudad me dirigía. Al pasar
por las salinas de San
Fernando vi un hombre
pescando. Le pregunté:
¿Qué que pensaba de aquel charco
tan blanco?
Saqué mi espada, le dije me
indicara el camino de la
ciudad, y alguna venta donde
poder descansar.
¡Espere yo le acompaño!, ahí
muy cerca está el ventorrillo
“El Chato”.
Todos quedaron asombrados
al ver mis ropas y mi cuerpo
desgarbado.
Sonriendo yo seguí
cabalgando.
Ya cerca de la ciudad,
pregunté a unos caminantes,
por donde podría
entrar en esa ciudad tan
grande toda rodeada de agua
y esas murallas gigantes.
Salté de mi caballo y puse
mis rodillas en tierra con mi
escudo y la espada. Lucharé
con las murallas como si
gigantes fueran.
¡Cádiz!, he venido de La
Mancha con mi caballo
Rocinante.
He quedado deslumbrado de
ver la gracia y el arte de la
ciudad más bella
¡aunque me tire el levante!
LOLI BRENES RODRÍGUEZ
LA MÉRIDA DE YUCATÁN (MÉXICO)
No es la romana Merita Augusta
y cuando la recuerdo en el tiempo
aún me gusta.
La fundaron españoles
de nuestra tierra extrema y dura
felices, al encontrar húmeda calidez
donde la dulce fruta pronto madura.
La he visitado dos veces
y las dos me ha enamorado
con el arte y la cultura
que ambos, los dioses mayas
y los conquistadores de España han propiciado.
Una ciudad con historia
que sus gentes con cierto orgullo y altivez
la muestran, te la enseñan
dándote bienvenida cortés.
La segunda vez que allí estuve
con mi querida hija Susana, fue.
Las dos disfrutamos dichosas
en la plaza del cabildo
de la popular Vaquería,
fiesta donde mujeres y hombres
bailan danzas alegres,
trepidantes ritmos, siempre en domingo.
Por la tarde en el kiosco
la banda con maestría
nos solaza con su música
ahora más clásica,
pero siempre popular
pues es el pueblo que atento les escucha.
Fuimos felices allí
los días que pernoctamos
paseando por sus calles…
y cuando en la Catedral entramos
se nos muestra un culto rastro
pues son libros lo mercado.
Mérida no es pueblo tosco,
tiene arte, tiene cultura.
Los mayas son pequeñitos,
tienen grande la cabeza
(ellos se llaman cabezones),
parecen una chincheta,
pero tienen tanta vida…
Pienso en ellos con la nostalgia
de aquellos felices días
que cuando con mi hija estuve
me llenaron de alegría.
En aquella Mérida lejana,
sus ojos brillaban alegres
mi niña buena
y el recuerdo de su cara
casi borra mi pena.
Mérida la yucateca
tan lontana y sin embargo, tan cerca.
CALCUTA (INDIA)
Una de la muchas ciudades del mundo que he visitado es Calcuta, (Kolikata, llamada en el culto bengalí antiguo), ciudad con más de 15 millones de habitantes. Pues bien esta mega ciudad es de las que más me han impresionado, por muchos motivos.
Llegué en ferrocarril, amanecía y como los amaneceres en India son impresionantes, me subí a una de las múltiples terrazas de la estación para poder disfrutar del espectáculo.
Pero no fue el maravilloso disfrute del alba lo que sobrecogió mi ánimo aunque también, se sumó al estremecimiento que recorrió mi espina dorsal.
La terraza daba a una inmensa explanada plagada de millares y millares de riksos, triciclos que los indios utilizan como taxis para el transporte tanto de personas, como de mercancías. Más allá al término de aquel enjambre, el Ganges. La Madre Ganja, la nutricia, el río sagrado por excelencia para los hindúes, dejaba mansamente fluir su inmenso caudal por un magnífico delta que esparcía sus aguas en el golfo de Bengala. Repetidas veces abrí y cerré mis ojos, con un parpadeo sorprendido y extasiado, incrédula a lo que llegaba a mis retinas. Era el este, el oriente en estado puro y allí, empezando a surgir de la nada, estaba Surya, (el sol en sánscrito), se hermanaba con las dulces aguas del Ganges y las todavía no totalmente saladas del mar, formando una entidad totalmente mágica e irreal que iba penetrando lenta y profundamente en mi ser, dejando en él una huella indeleble que como tal aún perdura y lo hará por siempre.
Pero no nos engañemos Calcuta no es solo poesía, pero eso, es otra historia, quizá para otras narraciones más prosaicas.
CONCHA GOROSTIZA DAPENA
UNA CIUDAD: ABERYSTWYTH
Su boca significa
boca del río Ystwyth
donde en días antiguos
creció una preciosa ciudad.
Un sitio hermoso
entre verdes montañas y azules aguas,
con las ruinas de un castillo del siglo doce
destrozada por los ingleses.
Una bahía como la luna creciente
protegido por dos promontorios,
en uno el castillo
y en el otro, la universidad.
Entre los dos, un paseo marítimo,
precioso, entre rocas y playa.
Una ciudad de recuerdos
donde pasé cada verano
en la granja de mi tía
al lado del mar.
ANNE SAMPSON
CIUDAD
Adrián con sus amigos del cole va a la ciudad.
La profe nada mas llegar les dice: despacito del autobús tenéis que bajar, la manita al compañero debéis dar y en fila india debemos caminar.
Para cruzar debemos recordar el código vial.
Hay que cruzar por los pasos de peatones y pendientes a los stop y a los semáforos hay que estar.
A ver si recordáis como hay que actuar cuando un semáforo hay que cruzar.
Empezaremos primero por el rojo que es el más peligroso.
¿Qué debéis hacer cuándo esté rojo?
Todos gritaban al compás.
Cuando está rojo hay que parar “peligro” no se puede pasar.
¿Y cuándo está en ámbar?
(Preguntó la profe).
En ámbar hay que tener precaución. Hay que mirar, mirar y mirar antes de pasar.
Y por último el verde.
Todos gritaron a la vez: Ya podemos pasar, porque el hombrecillo verde se pone a caminar.
Hay que andar, andar y andar hasta la otra acera sin mirar atrás.
Su profe los felicitó porque todos se sabían la lección.
Pasaron un día genial.
Adrián al llegar a casa no paraba de hablar.
- Mamá, mamá, me ha encantado la ciudad. Vimos unos edificios que desde sus azoteas a las nubes casi podíamos alcanzar. Fuimos al museo de cera, las estatuas parecían de verdad. Mamá, mamá.
Venía tan ilusionado que no paraba de hablar, pero también venía tan cansado que se echó en el sofá y dormido se quedó.
Hasta en sueños hablaba de sus amigos, de lo que se habían divertido.
Su madre sonrió y con su mantita favorita de Spiderman lo arropó.
CARMEN PÉREZ MARTELL
CIUDAD
Toda ciudad me atrapa
porque toda ciudad tiene sus encantos.
Un hermoso parque donde descansar al sol.
Un río que refresca el aire.
Un castillo que hiere el cielo.
Una iglesia majestuosa que asusta
con sus frías naves escasamente iluminadas.
Unos bares donde degustar típicos manjares.
Unas gentes amables que te cuentan
viejas historias o leyendas.
Una ciudad ésta como cualquier otra
donde me lleno de cientos de imágenes
que quedan en mi mente grabadas para siempre.
JOSÉ LUIS RUBIO
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