Del solitario desierto
surge la ciudad perdida
y entre tanta muchedumbre,
perpleja estoy y no sé…
¡si yo soy yo, o no!
Si soy yo…
¿quién es esa gente?
Y si soy alguien de ellos,
entonces…
¿dónde estoy y quién soy?.
Así temo el dejar de existir
antes de que mi pluma
haya estirado
mi fecunda mente.
Ante el ancho mundo
me quedo sola
y pienso:
¿Será que todos los ojos que me miran
son mis únicos ojos?
La felicidad del mundo
fluye dentro de mi
como el vino.
Mezcla de vapores y pensamientos.
Gran duda existencial.
No sé dónde me encuentro.
Ana M. Lorenzo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario