Tiene que haber un lugar en el que el aire se asfixie derramando lágrimas de arcilla.
Tiene que existir un lugar en el que los hombres sean adictos a la lujuria de tí.
Tiene que ser cierto el lugar en el que aposentados a tus pies seas la respuesta a la incandescente lava.
Tiene que valer como lugar un puzzle de piedra y océanos si es junto a ti.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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