Un niño muere de hambre en Argentina.
Un niño sufre en las calles argentinas
y mientras un país, que se dice solidario,
defensor de la libertades, se prepara
para gastarse millones de dólares en armamento
y dejar a otro puñado de niños en la miseria.
Olvida tu odio y alimenta a los niños argentinos,
a los niños africanos, a los niños jordanos.
Da de comer al hambriento y de beber al sediento
y seguro que el odio terminará y la paz
reinará en el mundo para siempre.
Del libro Confusión de JOSÉ LUIS RUBIO
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