viernes, 8 de febrero de 2013

BELLEZA


La belleza siempre es, y debe serlo,
superficial, si ha de tener encanto;
patrimonio del ojo,
que sólo capta un plano.
Vive en la piel, no cala hasta los huesos,
y en ella se hace vértigo y remanso.
Quien trata de ir más lejos, fantasea,
perfilando bosquejos o milagros
de acuerdo a sus deseos.
La belleza es externa, ya en el nardo,
o en la alondra, el arroyo, la montaña,
o la puesta de sol en el ocaso.
No vamos más allá, no la invadimos,
nos detenemos y la contemplamos.
Admiro ‘Las Meninas’ de Velázquez,
su diseño, color, cuanto hace el cuadro,
mas no le doy la vuelta
para ver, o admirar, el otro lado.
Es lo que es en sí mismo,
sin importar la calidad del paño.
Hay belleza en el bronce,
la hay también en el mármol,
‘Pensador’, de Rodín, ‘Venus de Milo’,
vida inmovilizada en cada rasgo,
mas no es el material, sino la forma
que les dio el escultor, lo que admiramos.
Eres hermosa, pero no pretendas
que vislumbre tus íntimos estratos,
que analice tu vida,
que complete el retrato
de un alma cuyos propios atributos
desconoces tú misma.El ser humano
es oscuro y ambiguo,
y el juicio de sí propio es inexacto.
Trascender a la piel es aventura
que a menudo remata en el fracaso.
Cien hombres te conocen,
mas su conocimiento es limitado
a ciertas pinceladas subjetivas,
sin coincidir entre ellos. El impacto
de tu propia belleza es relativo,
siguiendo cada cual su propio canon.

Deja, pues, que te admiren
por lo que puedan ver en su arrebato.

FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-

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