Al llegar las vacaciones elegía recluirse. Accionaba los cerrojos de la puerta y cerraba las ventanas. No podía soportar los días del verano. Sentía que el sol erosionaba su figura, vaciando de sentido la existencia. Prefería, pese a todo, la rutina del trabajo. Sumergirse en la penumbra del archivo, donde siempre lo aguardaban los papeles… Silenciosos, ordenados y secretos… Incapaces de alterarlo.
Horacio Laitano -Argentina-
Publicado en la revista Con voz propia 52
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