Las dunas del canto se han cerrado,
oh maldita magia del universo,
que todo lo puede sobre una blanda esfera.
No vengas entonces a mi pasado,
no abrirás los delta vortiginosos,
de las llagas latentes, de los accesos
a las escaleras que móviles se ofrecen
sobre la baranda de la decadencia;
quédate, hasta podrías ser Orfeo
que viene a arrancarme una vez más de la nada,
quédate oh mi ardiente y sumo caballero,
yo padezco la luz, en las sombras
soy reina pero fuera en el mundo
podría estar muerta y tú conoces
el extravío pleno que me toma
cuando yo veo un árbol seguro.
Del libro La Tierra Santa de
Alda Merini -Italia-
Publicado en la revista Escritoras Unidas y Cía
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