lunes, 3 de diciembre de 2012
DESPEDIDAS
En la fecha terminal,
a la hora conclusiva,
cuando llega a su final
esta marcha trashumante por los pastos de la vida,
nada queda más acá
que expresarle a cada cual
su adecuada despedida.
Las que entonan afligidas, confidentes o marchitas,
despedidas consecuentes, simuladas o sentidas,
despedidas elocuentes o calladas despedidas.
Aquí van todas aquellas
las que yo quisiera dar,
con respeto algunas ellas,
y las más con ironía y un puntito de maldad.
Al enfermo prolongado con aquel predicamento:
“ya descansa bendecido por tan largo sufrimiento”.
Al enfermo repentino: “tal vez fuere su destino”.
Al enfermo reposado: “míralo, siguió soñando dormidito”.
Al enfermo acalorado: “lleve paz con su descanso”.
Al enfermo imaginario: “nadie esperaba este calvario”.
Al enfermo solitario, unos puntos suspensivos
compondrán su obituario.
Al enfermo en multitudes: “tantas eran sus virtudes
y qué pronto han terminado”.
Al enfermo adolescente: “por qué Dios no fue clemente”
Y al enfermo centenario: “irá a un cielo de ilustrados”.
Al soldado disparado por morteros de otro bando,
alabanzas más sonoras cuantas más alto es el grado.
Al soldado desconocido: “recordemos su destino
pues no habremos aprendido si seguimos por sus pasos”.
Al hambriento de este lado: “que no llegue yo a imitarlo”.
Al hambriento de otro lado: “yo pensé que era delgado”.
Al hambriento silencioso: “al fin halló digno reposo”.
Al hambriento escandaloso: “ya dejó de ser famoso”.
A los niños: “será un ángel en la gloria”,
A las madres: “¿quién los cuida a ellos ahora?”
Al soltero: “tuvo todo por delante”
Al casado: “dejó familia y dos amantes”
Al enviudado: “ella lo estará esperando”
A la viuda: “puede estar segura
que otra arriba habrá encontrado”.
Al amante: “un donjuán quedó vacante”.
A la amante: “se fue pura Dios mediante”.
Al amigo: “¿ahora quién me escuchará?”.
Al contrario: “se marchó un digno rival”.
Al suertudo: “Acabó su estrella en vida,
que no la lleve, que me sea concedida”.
Al gafe: “fue tu sino pues marchaste
un día trece que era martes”.
Al curioso: “al fin resolverá
lo que existe más allá”.
Al orgulloso: “que allá encuentre la humildad
ante el Todopoderoso”.
Al cotilla: “pobrecitos los famosos
que lo sufran allá arriba”.
Al reservado: “No se nota que ha callado”.
Al vengativo: “con la muerte habrá revancha”.
Al obeso: “allí estará a sus anchas”.
Al delgado: “al cielo subirá flotando”.
Al político: ”que sea nuestro adiós
lo último que lleve de nos”.
Al político corrupto: “valga la reiteración”.
Al ladrón: “ganó la bolsa y perdió la vida”.
Al banquero: “ganó en la bolsa y arruinó mi vida
con usura y con esmero”.
Al modisto: “Dior lo guíe en su último desfile”.
Al artista: “en su última función
encontró nuestra ovación”.
Al sabio: “Solo supo que nada supo”.
Al necio: “se jactó de lo que supo
aunque nunca nada supo”.
Estas fueron despedidas
las que a tantos les daría,
mas espero que la mía
no me llegue todavía.
Y a quien quiera despedirme
solamente le diría
que callara en ese día
y que solo me recuerde
como un pasajero breve
de este barco vagabundo
que encalló en el otro mundo.
Gustavo González -Valladolid-
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