lunes, 26 de noviembre de 2012

DISIMULAR


Se te retorció el corazón y supiste disimulártelo a tí misma.
Tu faz fue un embalaje mullido y ceniciento.
Tus manos, como gomas elásticas giraron milímetros sobre su eje invisible.
El tráfago de tus hombros raptados, dejó de ser la percha de clavada en tus vestiduras.
Tu pelvis se contrajo como un trémulo cáliz de sangre revelada en las manos de un mendigo.
Tus rodillas salpicaron el aire con los chasquidos de tu responsabilidad.
Tus pies brincaron como si reposaran en un acuario de tibias y huesos de la risa.
El eco de tu pelo al girar en dirección a las agujas de un reloj es lo que me alertó.
Todo porque te pareció ver mi excelsa silueta perforando la lejanía.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-

No hay comentarios:

Publicar un comentario