El que fuiste
ya había pertenecido
a otro pecho que nunca supo amarlo,
a otro vientre donde dejó más vidas,
y llegaste hasta aquella que un día fui
cargado de cadenas y temores.
Hoy quiero recordarlo
porque una voz me dice
que vienes de camino
y este desasosiego,
que puebla las veredas que hay en mi
corazón,
no es más que algún mensaje que me
envías.
Me pregunto cuál es tu nuevo rostro,
si serás Él o serás Ella,
pero no hay inquietud en la impaciencia,
porque tengo aprendida la lección
y sé que hemos de hallarnos
para cerrar el círculo
que no supimos concluir entonces.
Del libro El destino nos ata y nos desata de Juan Calderón Matador
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