viernes, 22 de junio de 2012

ODIO LAS DESPEDIDAS


Le voy sin saludar y con los puesto. Eso sí, antes escucho, por última vez, el disco “Vasos y Besos” de Los Abuelos de la Nada, mientras acomodo la biblioteca. Saco algún libro, repaso la tapa y vuelvo a alinearnos en los estantes con los lomos mirando los pasos de mi partida.
El disco finaliza con la canción “Mundos in mundos”. Levanto el brazo, la púa se despega del surco de vinilo y larga un alarido agudo, breve. Calzo el brazo, desenchufo el tocadiscos, el amplificador y todos los cables de la casa. No voy a dejar que los pulsos de la corriente eléctrica sean la sombra de mi partida.
Me pongo traje, botas, guantes y el casco.
Momento de salir. Cierro cada puerta, de cada ambiente, con la idea de una caricia.
En el jardín, los destellos de mi mirada comparten con mis plantas la última fotosíntesis.
Enfilo a la plataforma.
Al trepar la escalerilla metálica, ya empiezo a recordar el crepúsculo que esa tarde no veré. No voy a girar la cabeza.
Estoy sentado en la cabina, abrazado por una butaca mullida. El motor ruge, la estructura de la nave vibra.
El momento de decir adiós llega y me voy sin saludar porque odio las despedidas, sobre todo las que tienen que ver con dejar lo que más amas.

Juan Guinot (Argentina)
Publicado en la revista digital Minatura 119

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