El océano me separó de mí
mientras me fui olvidando en los siglos,
y aquí estoy presente,
reuniendo en mí el espacio,
condensando el tiempo.
En mi historia
existe la paradoja del hombre disperso.
Mientras la sonrisa brillaba
en el canto del dolor
y las manos construían mundos maravillosos,
John fue linchado;
el hermano, azotado en las espaldas desnudas;
la mujer, amordazada,
y el hijo continuó ignorante.
Y del drama intenso
de una vida inmensa y útil
resultó certeza.
Mis manos colocaron piedras
en los cimientos del mundo:
merezco mi pedazo de pan.
Agostinho Neto (1922 - 1979) Angola
Publicado en la revista La Urraka 29

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