jueves, 21 de junio de 2012
BREVERÍAS
2621
Continúo enterrando cada día,
aunque en distinta tumba,
un cadáver, apenas descompuesto.
Aunque no he descubierto todavía
si es el de mi visión, que se derrumba,
o el de la amante que abdicó su puesto.
2622
No anticipo el exacto derrotero
del tibio roce que tu mano inicia;
dirigirlo quisiera, mente a mente.
Quedo a veces febril, mientras espero
cierta desviación, y tu caricia
se aproxima, vacila, se arrepiente.
Dulce congoja, que me incita y lanza
de la exasperación a la esperanza.
2623
Caminas los pasillos de mi casa
como si aquí vivieras. Y aquí habitas.
Nadie te ve, es tu espíritu que pasa,
que al mío propio entero se trasvasa,
y tus mágicas artes ejercitas.
Duermes conmigo, tan secretamente
que tu grito es silencio, y tu entusiasmo
discurre entre las sábanas, ferviente,
con los impulsos de la adolescente
que ha descubierto su mejor orgasmo.
2624
Sin apagar la luz, amada mía,
para observar tu espléndida belleza,
y aferrarme a tus ojos habladores.
La tiniebla es mitad, y es lejanía,
y si en verdad la piel se despereza,
se adormecen contornos y colores.
2625
No sé cómo me miras,
si en adorno, o aroma, o algazara,
o en calibre de altura y movimiento.
Yo te miro en el arte que me inspiras,
y en la serenidad con que se aclara
tu binomio de tacto y sentimiento.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-
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