jueves, 21 de junio de 2012
ANIVERSARIO
El anciano se revuelve en la cama, inquieto.
— Fue duro, muy duro —gime—. Muchos se resistieron a irse, escondiéndose a la hora cero. Diciendo que era un pecado abandonar la Tierra. Y muchos mas enloquecieron, viendo a través de las ventanas alejarse el único mundo que conocíamos.
Eli suspira.
— Por favor, abuelo —dice, y ayudado por su novia, le aplica un sedante en el brazo—, duérmete de una vez, ¿está bien?
Y permanece de pie junto a la cama, hasta que el anciano cae rendido. Luego, toma a la mujer de la mano, salen de la habitación y caminan hacia el portal, donde el aire frio los sobrecoge.
— Mis abuelos eran iguales —susurra la chica—. Siempre con los cuentos de lo duro que fue.
— Así son todos —responde él—. Siempre pidiéndonos que lloremos junto con ellos por Vieja Tierra.
— ¿A quien le importa? —dice ella, y apretando su mano echa a caminar bajo el cielo del mundo donde nacieron, el único que conocen—. ¿A quien le importa? —repiten a dúo, y sueñan.
Yunieski Betancourt Dipotet (Cuba)
Publicado en la revista digital Minatura 119
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