Arrodillado ante
el de Guadalest,
este hijo de Burriana
brindó su alternativa,
calla y aplaude el respetable.
Cesa la música,
entra su media estocada
truncando la suerte suprema
su salida a hombros
por la puerta grande
de Castellón de la Plana.
El Sol limpia el albero
saludando su arte y valentía,
inigualable con los palos,
suenan oles, como campanas
al ver nacer un torero
de pies seguros,
y alma de azahar, extraída
de la huerta valenciana.
Mayte Andrade -Benicarló/Castellón-
De mi libro “Querencias Taurinas” ed. 2001
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