En mármol la esculpió. Su carne rosa, a golpes de buril y limadura,
fue tomando perfil, brillo, tersura,
y el humilde mortal creó a la diosa.
Y la nombró Afrodita que, furiosa
de ser copia de simple criatura
compitiendo con ella en hermosura,
tan vengativa fue como celosa.
¡Delito de impiedad! ¿Revertiremos
a la muerte de Sócrates? ¿Tenemos
en Atenas semillas de ayatolas?
El defensor culmina su elocuencia
desnudando a Friné; y esta evidencia
convence con clamor de rompeolas.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Angeles-
DE FACEBOOK - 6841 - JA
Hace 1 día
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