Ser tu epidermis
y dibujar un mapa mundi de sonrisas piel contra piel.
Ser la rosa que alfombra tus sueños.
Azotar dormido el canto del loco que son tus labios.
Pasear por tu pelo como si el ayer no llegara jamás.
Ser las manos que sugieren la constante bravura
del a quién le importa.
Se me agrieta el alma si tu ausencia
recubre la levedad de los días.
Saber que las agallas en el piélago de tu cutis
son el atlas de la vida.
Esa vida que te sucede
instante a instante,
como sedimento.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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