El ajedrez del tiempo
cruza por mis espacios
derribando las torres de tu olvido.
Caballos sin memoria
cabalgan desbocados
por lisas superficies de cristal.
Los alfiles soñantes
descubren hiperlúcidos
la inteligencia oblicua del corazón del sol.
¡Qué nadie piense aquí que nos daremos
un fiero jaque mate, amada mía!
Trabajen armoniosos los peones
y sigan su camino lento y hondo
sin fatiga ni sombra de ansiedad.
Sonría en su trono cándido la reina
y el rey, altísimo y solemne,
sobre el tablero en pleno de su imaginación,
dueño absoluto al fin de la partida,
reine feliz por siempre contra todos los nuncas.
JUAN CERVERA SANCHIS -México-
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