Hay veces que no puedo ni dormir, hay veces que ni siquiera recuerdo mi nombre y, sin embargo, ahí aparezco, junto a una animal muerto y destripado ferozmente, y yo ensangrentado, desnudo, extasiado y agotado, y con un enorme deseo de que vuelva a caer la noche.
Qué lástima que, durante esas horas de descanso, tenga que ser alguien que no quiero ser. Qué lástima que tenga que esperar el retorno de la oscuridad para poder ser quien realmente quiero ser. Lo único buen de estar tanto tiempo así es que puedo recordar quien soy. La cierto es que soy un negro, callejero, sin hogar, sin pasta y sin trabajo. Pero me gusta. Tengo todo ese tiempo para averiguar quién me alimentará, quién me cuidará y, sobre todo, a quién cuidaré, cómo será esa persona que hará que deje de mutar. Hasta entonces, seguiré siendo dos bestias, por ardua que me resulte la tarea.
Cuando hay luz, mi nombre es Ismael; en las tinieblas, aún no sé cómo me llaman.
Jaime Meléndez Medina (México)
Publicado en la revista digital Minatura 117
No hay comentarios:
Publicar un comentario